China es una mezcla inmensa de asombro y curiosidad. Desde las tradiciones milenarias hasta la impactante tecnología que se despliega a lo largo y ancho del país.
Por: Gricelda Melo
No importa cuánto hayas leído o investigado sobre China, el gigante del continente asiático impresiona por sus grandes avances en diversas esferas. Definitivamente, nada te prepara al cien por ciento para imaginar todo lo que recibes en esta tierra en donde todo vibra de manera diferente desde la historia, el lenguaje, cultura y demás.
China es una mezcla inmensa de asombro y curiosidad. Desde las tradiciones milenarias hasta la impactante tecnología que se despliega a lo largo y ancho del país. Es como un gran mural en movimiento que cuenta tantas historias llenas de cultura y tradición; es como una mirada al pasado y al futuro al mismo tiempo, pero con una visión ultramoderna.
Otro aspecto impactante, es la arquitectura, los grandes diseños de dragones de vidrio y acero, que se asoman por las esquinas, cómo imponentes testigos de una cultura milenaria que evoluciona rápidamente de la mano con la tecnología.
En las amplias calles, abundan los autos eléctricos que ahora se distribuyen en distintas partes del mundo Imponiendo tecnología, y una nueva era en el sector automovilístico. Otro elemento importante a destacar son las cámaras que graban todos los movimientos y proporcionan a los habitantes mayor seguridad.
Todo este panorama ocurre en medio de un ambiente moderno de grandes rascacielos; pero que busca conservar las costumbres y los templos antiguos. La barrera del idioma es real; sin embargo, hay múltiples maneras para superarlo. El traductor del celular es una herramienta que abre muchas puertas y que ayuda a comunicarse, además de una sonrisa y un gesto amable ayudan hacer más grata la estadía.
Otro punto que no puedo dejar de mencionar, es la variedad gastronómica que tiene China. Se trata de un festival de sabores que despiertan todos los sentidos. A través de la comida también existe una forma de comunicación.
En estas primeras impresiones, lo que más me ha impactado no es la tecnología, ni la cantidad de personas, ni la historia que brota de cada esquina. Es la certeza de que el mundo es vasto y diverso, y que al salir de nuestra burbuja —de país, de idioma, de costumbres— uno no solo descubre otros paisajes: se descubre a uno mismo.
